El
origen y formación de la guitarra española es un tema misterioso y complejo
que ha sido investigado a lo largo del siglo XX por numerosos musicólogos y
expertos. Sin embargo, la escasez de pruebas documentales y de datos históricos
concretos ha impedido hasta el momento determinar con absoluta certeza cuándo
se produce el nacimiento de la guitarra, de qué instrumento proviene o quiénes
fueron sus creadores. No obstante, si tenemos en cuenta que los primeros modelos
de la guitarra moderna no surgen hasta el siglo XV y que toda su evolución anterior,
desde sus orígenes en la Antigüedad, se pierde en una enmarañada red de influencias
músico-culturales y en una amplia colección de instrumentos de similares características,
no debe extrañarnos la dificultad del empeño y la existencia de diversas hipótesis
sobre el asunto.
Como punto de partida en la historia de la guitarra es necesario remontarse
a las antiguas civilizaciones de Oriente Medio. En la mayoría de los pueblos
que habitaron la zona desde siglos anteriores al nacimiento de Cristo (babilonios,
sumerios, caldeos, asirios, hititas, hebreos, egipcios,...), el uso de instrumentos
musicales de cuerda era bastante habitual y aunque se trataba de modelos primitivos
construidos con palos, cuerdas de tripa y caparazones de animales, muchos de
ellos pueden ser considerados como antepasados de los que serán comunes en Europa
durante la Edad Media, una vez que romanos, griegos y árabes los asimilaran,
transformaran e introdujeran en el continente.
Entre los instrumentos que surgieron en Europa en el periodo medieval se encuentra
la guitarra, cuyo nacimiento sitúan la mayoría de los investigadores en los
reinos hispánicos hacia el siglo XIV. Ahora bien, las divergencias son mayores
a la hora de señalar por qué camino llegó la guitarra a la Península Ibérica,
cuál fue su antecedente más directo como instrumento y sobre todo, a qué pueblos
o culturas hay que atribuir su creación.
Básicamente,
las teorías sobre la cuestión se pueden agrupar en dos líneas: la que mantiene
que el instrumento proviene de las formas musicales grecolatinas y cristianas
que llegaron a la Península Ibérica por el sur de Europa y la que afirma por
el contrario que la guitarra procede de las culturas árabes y musulmanas que
entraron en la Península por el norte de Africa. La primera hipótesis sostiene
que la guitarra española desciende originalmente de la kithara, instrumento
habitual en los pueblos de Oriente Medio que fue importado en Europa por los
griegos y que llevaron a la Península Ibérica los romanos con el nombre latino
de cítara. A pesar de que el modelo primitivo de kitharah es más parecido a
la lira que a la guitarra, los defensores de esta teoría aseguran que en la
época romana se difundió un nuevo modelo de cítara con caja de resonancia y
mástil, denominado fídula, que sería el que derivó en los reinos hispanos cristianos
de la Edad Media en otros instrumentos como la cítola, la guitarra latina o
la vihuela, a los que se considera precedentes directos de la guitarra española.
En principio, el hecho fundamental para que la guitarra progresara musicalmente
fue la incorporación al instrumento de una quinta cuerda en el siglo XVI, lo
que le otorgó unas mayores posibilidades artísticas. Se trataba de una quinta
cuerda aguda, situada por debajo de las cuatro órdenes dobles anteriores. Durante
mucho tiempo se atribuyó su implantación al escritor español Vicente Espinel,
amigo íntimo de Miguel de Cervantes y gran aficionado al instrumento, pero posteriormente
se desechó esta teoría, si bien es cierto que su labor en pro de la guitarra
fue bastante importante en la época. Lo que sí está comprobado es que las guitarras
de cuatro y cinco órdenes convivieron durante gran parte del siglo XVI y prueba
de ello es que los vihuelistas Mudarra y Fuenllana y algunos guitarristas franceses
como Adrian Leroy y Robert Ballard incluyeron composiciones para ambas guitarras
en algunas de sus obras.
Si el eje fundamental del flamenco fue desde el principio el cante como expresión
de los sentimientos más profundos de un pueblo sufrido y desarraigado, la guitarra
popular española tendrá una importancia fundamental en el progreso artístico
del arte andaluz. La mágica e intensa complementariedad que se estableció entre
la guitarra y el cante jondo desde mediados del siglo XIX permitió al instrumento
desarrollar una virtuosa y brillante técnica en las que se combinaban rasgueos,
arpegios, ligados, trinos, trémolos, picados en las denominadas falsetas (fraseos
melódicos improvisados) y que daban el soporte perfecto a la fuerza y misterio
del cante, como también al baile. Y gracias a la actuación regular en los cafés-cantante,
la guitarra flamenca desplegará toda su riqueza y personalidad musical y comenzará
con el tiempo a independizarse del cante como instrumento solista. Además de
Paco de Lucía, otros extraordinarios intérpretes han contribuido en las últimas
décadas a que la guitarra flamenca se convierta en un instrumento de concierto
admirado incluso por los músicos clásicos. Entre ellos destaca MANOLO SANLUCAR
(Sanlúcar de Barrameda, Cádiz 1943), músico de extraordinaria categoría, intérprete
de exquisita técnica y sensibilidad que integró la guitarra flamenca en las
formas orquestales. Pero también debemos citar a otros artistas como Serranito,
Paco Peña (instalado desde muy joven en Londres, creó una carrera de guitarra
flamenca en la Universidad de Rotterdam y fue el organizador del famoso Festival
de Guitarra de Córdoba), Tomatito (que relevó a Paco de Lucía como acompañante
de Camarón de la Isla en los años 70 y 80), Rafael Riqueni, Pepe Habichuela,
Manolo Franco o Vicente Amigo, la última gran estrella del toque.
ANDRÉS
SEGOVIA (Linares, Jaén 1893-Madrid 1987) es sin duda el guitarrista más conocido
del siglo XX y el hombre que con su prodigiosa técnica demostró, siguiendo la
línea de Tárrega, que la guitarra poseía posibilidades tímbricas y polifónicas
que la convertían, -como él decía-, en "una orquesta en miniatura". La guitarra
flamenca, en la que laten esencias vivas del arte español, se convertía así
en la cumbre del instrumento en su faceta popular y aunque durante mucho tiempo
estuvo marginada por su vinculación a las clases bajas de la sociedad y a los
gitanos o fue considerada como una mera curiosidad folclórica, en la actualidad
su consideración artística en España y en el mundo se puede equiparar a la de
la guitarra clásica, con la ventaja de que su pasión y su vida le acercan a
un público más amplio.
A pesar de que la mayoría de los guitarristas flamencos han carecido de formación
musical por su condición humilde, aprendiendo de oídas y con la práctica desde
edades muy tempranas, sobre todo entre los gitanos, el toque flamenco requiere
de una técnica muy exigente, especialmente en la mano derecha, y presenta una
complejidad musical considerable que se multiplica por el número de variedades
o palos del arte flamenco con acompañamiento de guitarra. Por último, entre
los grandes guitarristas de la segunda mitad del siglo XX, debemos mencionar
las innovadoras composiciones del cubano Leo Brower, que tanto han influido
no sólo en guitarristas clásicos, sino también en artistas de jazz y de música
latina, y el virtuosismo del guitarrista norteamericano Elliot Fisk , del cubano
Manuel Barrueco, del japonés Kazuhito Yamashita o del español Pepe Romero.
NACE UNA GUITARRA
Seleccion de la madera, importante tenga un mínimo de quince años de secado.
Se unen en dos o tres piezas, lijándolas posteriormente para que queden homogéneas.
Se pegan las barretas y abanicos. Cada tapa lleva un número determinado dependiendo de la textura y solidez de la misma.
Se doblan los aros acoplandolos al molde.
Se pega la tapa armónica y se saca el molde.
Se pega las cintas para fijar la tapa de atrás.
Se pega la tapa trasera y a continuación se hace el surco para alojar los filetes.
Pegado de la filetería
Se pega el tacón.
Se pega el diapasón de ébano.
Lijado y preparación.
Lista para barnizar
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Francisco Alberto pantoja constructor-artesano de guitarras.