José Alberto Pantoja Martín es autodidacta en el oficio ya que, aunque aprendió cosas aisladas viendo trabajar a otros, ha carecido de un maestro que le enseñara los entresijos de la profesión.

Alberto Pantoja siempre ha considerado que la de luthier es una tarea muy complicada de llevar a cabo, pues se deben reunir conocimientos de carpintería, ebanistería, barnizado, y realizar cálculos muy precisos que son necesarios para un perfecto trasteado del diapasón. De la misma manera, es conocedor de todas las maderas que se emplean en la construcción de instrumentos de cuerda, dominando la técnica (en el caso del ciprés) del corte correcto del árbol, efectuando el adecuado tratamiento de secado posterior de las maderas que, en su caso, debe ser al menos de cinco años, para conseguir el punto óptimo requerido en la construcción de sus guitarras.

Alberto Pantoja construye desde 1962 dos tipos de guitarras: la clásica y la flamenca, utilizando para las tapas y aros de la primera maderas de palosanto y arce, y para los de la segunda madera de ciprés. Para las tapas armónicas utiliza pinabeto y para el resto de las piezas (mástil, diapasón, etc.) cedro, ébano y otras. Todas las maderas mencionadas son importadas del extranjero: palosanto de Brasil e India; arce de Arabia; cedro de Honduras; pinabeto de Alemania; ébano de África; etc. El ciprés, sin embargo, es español, asegurando él que la calidad del mismo es la mejor del mundo. De igual forma, también construye por encargo laúdes y bandurrias.

Su hijo, Francisco A. Pantoja Ortiz, trabaja en el taller y ya fabrica sus propias guitarras, poseyendo el título de artesano y erigiéndose en el continuador de la tradición familiar. Ha cursado estudios en el Conservatorio de Música de Sevilla y toca la guitarra y el laúd, porque, según J.A. Pantoja, para construir una buena guitarra es muy importante saber tocarla.

Hoy en día, las guitarras de José Alberto Pantoja Martín se encuentran repartidas prácticamente por todo el mundo.